Tras un divorcio con hijos, durante algunos años quedan coletillas que superar. En mi caso las vacaciones de verano se fueron haciendo muy difíciles. En un principio porque pasé de tener una familia que salía junta de vacaciones de un modo convencional, tal como éramos convencionales, a tener una familia sólo con mi hija quince días en julio y quince días en agosto. El otro tiempo era una familia unipersonal y con tristeza por lo mal que lo pasaba mi hija cuando se separaba de mí y por lo tanto que yo la echaba de menos. Los quince días que estábamos juntas la agotaba con actividades no quería que tuviese mucho tiempo para pensar, o para pensar yo. Luego llegaron los veranos que yo tenía que trabajar para poder seguir manteniendo al menos mínimamente nuestra estabilidad material, porque lo más importante era no tener mucho, pero que me tuviese. Estos veranos no dormía pensando cómo tratar de poder juntar los días de descanso para que coincidieran con los días que mi hi...