La frutería
A menudo voy a una frutería en el centro de Ronda, a donde debía de haber dejado de ir hace mucho tiempo.
Cuando voy a comprar o paso por allí, veo como sus empleadas (que siempre han sido mujeres), tiran las cajas en donde viene la fruta y verdura al contenedor de orgánico sin ningún pudor. Incluso una vez allí mientras estaba comprando vi como las tiraban diréctame al camión de la basura que iba pasando. Y tanto en esa ocasión como en otras tantas les he intentado interpelar y animar en tono bromista a que hicieran un esfuerzo por ir a los contenedores de reciclado, claro ellas ponían millones de excusas.
En otras ocasiones les he animado a que pusiesen bolsitas de papel para los casos en los que los clientes no llevan su bolsa de la compra, ellas se quejan de lo caras que son y cómo así miran por su futuro laboral y el de su jefa.
El caso es que hace unas semanas vi como en frente de esta fruteria han abierto otra pero bastante más llamativa porque exhiben los productos incluso en la puerta, y aparentemente dan la sensación de frescura y healthy. También he ido viendo cómo en esta tienda, que he lo entrado un par de veces, estaba vacía de clientes, y como poco a poco ha aumentado su clientela considerablemente.
Ayer, fui dispuesta a hacer la compra y cuando llego a la calle en donde están las dos fruterías me entra la duda de a cual de ellas ir. Decido ir a la que he ido siempre, porque he pensado algo así como que las ventas se les han venido abajo y que hay que poner un poco de nuestra parte para que todo y todos funcionemos.
Mientras estoy llenando mi bolsa con unas alcachofas voy escuchando como la dependienta y otra clienta (que por cierto tiene una tienda de otro sector en la misma calle también) están hablando de los propietarios (que por cierto son hombres) de la frutería nueva con pelos y señales, sin decir nombres, pero haciendo clara referencia al negocio y comentando sobre su aspecto físico y su origen (que coincide que es un país en vías de desarrollo) con palabras despectivas.
Es en ese momento cuando decido sacar las alcachofas de mi bolsa, dejarlas en el mostrador y decirle a las señoras lo torpes que eran por ser racistas. Tenía mi perro atado en la puerta de la frutería, lo desaté, cruce la calle y lo até en la puerta de la otra frutería de enfrente, mientras las dos sólo alcanzaron a mirarme mientras yo hacía este gesto y entraba en la frutería de la competencia.
Una frutería, un lugar tal vulgar como parece, puede llegar a ser el espacio más claro para mover tu conciencia.
Para llegar a poder reflexionar lo necesaria que es la naturaleza para el humano, lo que no hacemos por ella y lo mucho que seguimos haciendo para que siga habiendo personas que se creen de una clase superior a otras.
...Debía de haber dejado de ir a esta frutería hacemucho tiempo...
...Y por Dios las Mujeres...Que sostenemos la Vida...
IsabelGenal.
Fotografías tomadas de la red.
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