MiNDFULNESS

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   Isabelita prepárate que vamos a merendar en la calle de La Bola hoy que tenemos tiempo.

      —Vale mamá, si te parece vamos a la cafetería esa que dices que tiene un hojaldre que te gusta mucho.

     —Buenas tardes.

     —Buenas tardes, no sé si le atenderán, porque llevamos casi una hora esperando y la camarera aún no nos ha podido atender, aunque parece que ya viene con la bandeja para limpiarnos la mesa.

      —Muchacha es que llevamos casi una hora esperando, a mi nieto se le van a pasar ya hasta las ganas de merendar.

      —Y mi mujer y yo también casi una hora ya.

       —Les voy a tomar nota, pero hay un montón de gente delante de ustedes que aún no hemos podido servir siento, porque es que desde las 11 de la mañana en que hemos entrado mi compañera y yo a trabajar, no hemos  parado aún ni un segundo, ya no nos quedan ni tazas, porque no nos da tiempo ni de ponerlas a fregar.

      —Hija, pues tu jefe debería de poner alguien más a trabajar porque así es imposible, en esta mesa se han sentado esta mujer y su hija ahora mismo, y es porque cuando nosotros llegamos había una pareja de mayores que se han ido porque dicen que ya están cansados de esperar.

         —Mi jefe, bueno, la jefa, la mujer de mi jefe dice que no meten a nadie, porque no encuentran a nadie que quiera trabajar.

 

                Por lo general, escribo cosas de carácter personal con la idea de que, aunque cientos de los miles de lectores que me siguen, puedan ridiculizarme y llamarme imbécil albergo siempre una brizna de esperanza de que haya también un alma gemela que me lea y diga con alivio: pensé que era la única y menos mal que no es así.

                De lo que si estoy segura, es de que en estos tiempos, como en otros tiempos,  no soy la única que ha encontrado durante meses la vida como un desafío casi extremo. Desafío en cierta manera debido a mi incredulidad ante cierta parcela de la vida que no había experimentado.

                Es la parcela del paro. Ese lugar al que se llega y realmente, como otros lugares y espacios, si no lo experimentas, por mucho que te cuenten, sepas o hayas visto la experiencia de otras personas, no puedes tener la vivencia ajustada a la realidad.

                Al paro se llega por muchos caminos, y mi camino hacia el paro fue después de estar muchos años en un trabajo de muchas horas continuadas, de mucho stress, pocas condiciones laborales y un excesivo sentido de la responsabilidad por mi parte.

                Aún así y todo tratando de sobrellevar ese agotamiento con piloto automático recurrí al Mindfulness como terapia que me aconsejaron para tratar de sentirme mejor en el trajín que me superaba en lo que yo entendía por vida.

                Mindfulness, es una palabra de origen anglosajón, que no existe en castellano, pero que podía traducirse como el sentido de la “atención plena” y es una técnica de meditación que busca entrenar la mente y centrar la atención en el momento presente y así reducir el stress, la ansiedad, la depresión y mejorar el rendimiento en la vida cotidiana.

                Y el Mindfulness, tengo que decir, que a mí me ayudó. Quienes han sabido dirigir esta terapia dentro del mundo laboral, tengo que decir que han acertado. Porque te entrena para no pensar en problemas, ni en soluciones, sino en estar. Y ya sabemos que la ansiedad está relacionada con los deseos y la depresión con las pérdidas. Si nos centramos en lo que tenemos en el presente, no tenemos ni ansiedad por lo que deseamos, ni depresión por lo que no tenemos. Nos conformamos, cerramos el pico y somos como animales con orejeras.

                Y sí, el Mindfulness me ayudó a saber que no quería vivir en estado Mindfulnesss, no quería un presente explotador mientras parecía vivir sobre una nube. Estaba , sin ansiedad, ni estados depresivos, pero a la vez sin sentir, o más bien en ese estado, como si fuese una marioneta. No me importaba lo que le pasaba a mi vecino, ni si no llovía, ni si mañana iba a poder pagar las facturas…Y ni me importaba quienes me habían echado una mano en el pasado… Nada que no fuesen mis cuatro lozas y lo que alcanzaba a ver en esas cuatro lozas.

Una mañana mi hija me leyó una noticia sobre una huelga de trabajadores, fue entonces como me di cuenta del gran montaje del Mindfulness. Mi mente en modo recién entrenada para el modo presente hizo su juego de pensar en el desayuno que me estaba tomando. Pero la mente es infinita, ya lo sabemos y  tuve un gran momento. Un momento de esos de los de la velocidad de la luz y me di cuenta al instante que yo siempre había sido una guerrera por la justicia y no podía seguir pensando solo en lo que tenía delante, porque esa no era yo, esa era yo sin sangre.

                Entonces tuve que empezar a buscar un trabajo con mejores condiciones, porque me quedé en el paro y empieza toda una tarea diaria debuscsr un empleo.

                Buenos días, me llamo Isabel Sánchez, y le llamo porque hace unos diez días estuve en una entrevista para trabajar con ustedes. Como quedaron en decirme algo y no lo han hecho, no sé, quería saber si habían pensado sobre mí.

                -Ahh, sí, fui yo quien te entrevistó, hemos visto tu currículum y tienes mucha experiencia como atención al público. También hemos valorado que sabes defenderte comercialmente en inglés y francés, pero hemos decidido que no cumples el perfil que necesitamos para nuestras caferías, eres mayor para la imagen que queremos dar.

 

El pasado no existe, no podemos arreglar nada en ese espacio ya.

El futuro no lo tenemos, no podemos hacer nada en ese espacio aún.

El presente es pasado y futuro al mismo tiempo, y realmente todo está conectado.

        —Mamá mira he visto que buscan a gente para trabajar en la cafetería esa que te gusta. ¿Por qué no te animas y vas a la entrevista? Siempre que paso está llena de gente y con lo trabajadora que eres van a estar encantados.

          —Pues sí Isabelita, tienen unos pasteles riquísimos, el hojaldre me encanta, seguro que les viene bien alguien responsable y con experiencia como yo.

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