Dicen que Homayún se ha muerto
Hoy me levanté y me dije: Tienes que escribir sobre Homayú, porque dicen que se ha muerto.
Cuando nos enteramos que alguien ha fallecido la tendencia ilusoria de nuestra mente es recordar inmediatamente lo bueno que sabemos o conocemos de esa persona. Siempre he pensado que es un poco por el estado de incertidumbre que tenemos hacia el más allá, hacia la muerte a si… A ver… Si… Va a ser verdad eso que dicen que: “los muertos te salen después de muertos”.
Lo cierto es que me he sorprendido al haberme sentido sorprendida (valga la redundancia) con la muerte de Homayú. Nunca había pensado que Homayú fuese un ser “moriente”. Tengo como una especie de descuadre en mi cabeza porque realmente la palabra “muerte” no se puede asociar a ciertos seres que están tan imbricados en la naturaleza como lo está Homayú.
Me he sentado delante del ordenador queriendo hacer memoria sobre él y lo que me sale es esto:
Homayú lo conocí, porque cuando yo hacía la revista “El Genal”, que posteriormente se llamó “La Serranía”, siendo el año 2000, una tarde a la entrada de Benarrabá me llamó un chico desde el tejado de una casa que estaban construyendo a la entrada del pueblo. Me llamó para decirme si no sabía que allí en frente, me señalaba con el dedo hacia la espesura del monte, había una biblioteca. En un principio pensé que podía tratarse de algo relacionado con los moriscos del Valle y de su expulsión. Como puse una expresión muy extraña me dijo muy rápido, allí vive Homayú y es un hombre muy sabio que tiene muchos libros. El chico me dijo todo esto porque sabía que yo hacía la revista y andaba buscando cosas interesantes para publicar y ya él mismo me fue explicando como llegar hasta la finca de La Alharía.
Tardé tres días en llegar a La Alharía, que es un paraje que está en término municipal de Genalguacil y entre este pueblo y Benarrabá. Fueron tres días porque durante dos me perdía por el camino, entonces no había teléfonos móviles, me equivocaba de carriles, se me hacía tarde. Suerte que la segunda tarde justo cuando me volvía me encontré con un chico, Fernando de Genalguacil montado a caballo que me explicó que él se encargaba a veces de llevar el correo por las fincas de la zona, le expliqué lo que me ocurría y le di en un papel el teléfono de mi casa para ver si Homayú me podía llamar y quedar en los llanos de la Escibana. De este modo justo cuando llegué a casa me llamó Homayú desde su teléfono solar. A la mañana siguiente él y Julia me estaban esperando y me llevaron a La Alharía.
De mi estancia allí escribí esto:
“El peregrino bohemio: Homayú
“Ich wonme, ich weiss nicht woher.
Ich gene, ich weiss nicht woin.
Mich wundert, dass ich sofrohlich bin.” (-800)
“Vengo, no sé de donde.
Voy, no sé a donde.
Me sorprendo de estar tan feliz” (-800).
Tomar la decisión de dejar la ciudad e irse lejos, a un valle de pueblos frente a la montaña.Tener una casa en un lugar tranquilo y solitario. Empezar a vivir cerca de la naturaleza.
Elegir esto, no para apartarse del mundo, sino para sentirlo y comprenderlo mejor.
Las concentraciones facilitan la comunicación y la distribución de la economía, pero puede llegar a desgarrar la naturaleza de las personas.
En contraposición hay quien en el campo se siente encerrado, debido sobre todo a la desarmonía con la naturaleza.
El humano sufra a veces mutilaciones en sus sentidos si se resigna a que su mundo organizado sea el perímetro urbano, su único territorio habitado, su cosmos. El resto entonces, pertenece al espacio desconocido e indeterminado que lo circunda, y confort los primitivos, siente que cuando se aleja de su centro, su mundo sagrado, llega el caos, el desorden.
Alguien ocupa un territorio de ese caos y toma posesión de él, y se instala, lo crea nuevamente, lo consagra, lo convierte en cosmos. Entonces descubre que no existen las metrópolis. Cada lugar es el centro del Universo.
Le da igual su nacionalidad, emocionalmente no está ligado a ningún sitio. No tiene apego, sabe que no tiene que pedir nada, la gente a él le va pidiendo que le haga tal o cual cosa.
Con cuatro años le impresionaron esos versos del principio que dicen que se asombra de estar tan feliz sin saber de dónde viene o a dónde va. Fue entonces, cuando junto con su familia tuvo que dejar Checoslovaquia. Había guerra, su padre podía morir, él junto con su madre y sus hermanos también. Por eso siempre tiene un recuerdo por cuantos refugiados políticos hay en el mundo.
No tiene patria ni sitio, no conoce el lugar en donde nació. Dice que nación en la “Bohemia”.
La Alharía, ni lejos, ni cerca. Está en su sitio, en el sitio en donde debe estar. La Seda, es la Alharía. Tiene agua, árboles frutales, plantas, todas si se quiere se pueden comer. Quietud acogida. La sabiduría de un sitio en el que hablan muchas voces para que el que las oiga se impregne de eso, su sabiduría.
Con cuatro años le impresionaron esos versos del principio que dicen que se asombra de estar tan feliz sin saber de dónde viene o a dónde va. Fue entonces, cuando junto con su familia tuvo que dejar Checoslovaquia. Había guerra, su padre podía morir, él junto con su madre y sus hermanos también. Por eso siempre tiene un recuerdo por cuantos refugiados políticos hay en el mundo.
No tiene patria ni sitio, no conoce el lugar en donde nació. Dice que nación en la “Bohemia”.
La Alharía, ni lejos, ni cerca. Está en su sitio, en el sitio en donde debe estar. La Seda, es la Alharía. Tiene agua, árboles frutales, plantas, todas si se quiere se pueden comer. Quietud acogida. La sabiduría de un sitio en el que hablan muchas voces para que el que las oiga se impregne de eso, su sabiduría.
En el año 1981, un empresario de Marbella la compró para hace de ella un burdel. Pero parece que aquel no era el sitio para algo tan material.
Por cinco millones la vendió una agencia inmobiliara a Homayú, este ser natural de la “Bohemia”. Químico, por naturaleza genética, después de terminar estos estudios, también estudió medicina en varias universidades europeas: Italia, Alemania, Francia… No de un modo normal, sí oficialmente, pero de un lado a otro iba sorprendiéndole la guerra y llegó a Kabul en 1979.
Fue vendedor de alfombras en Afganistán y la India. Sabe italiano, francés, inglés, alemán, castellano y dalhri, que es lo que se habla en una parte de Afganistán, pues allí hay al menos cinco dialectos.
Quizás algún día practique la medicina ayurveda en la India, en donde piensa que realmente puede hacerse, pero ahora está en donde quiere estar en La Seda, La Alharía.
No necesita nada. Cuando empezó a vivir aquí, cogía hongos y los vendía en restaurantes de la Costa del Sol, como el Tony Dali. Allí vendía muchísimos. También vendía quesos y requesón, tenía cabras, aceitunas, naranjas, castañas…
En el año 1995 hubo un accidente forestal y se produjo un incendio. Una trituradora trabajaba son ningún apoyo de agua y se quemaron muchas hectáreas. Desde entonces vive de una subvención que le concedieron por reforestar. No tiene suficiente agua para regar todos los arboles que tiene plantados y necesitan ser regados sobre todo en verano, por eso baja hasta el río Genal y llena tanques para regalos. Tiene 4.500 árboles en 15 hectáreas repartidos entre alcornoques, algarrobos y castaños.
A La Alharía por temporadas va mucha gente. Homayú pertenece a la WWOOF, es una organización inglesa con 25 años de antigüedad que se ocupa de comunicar a gente que busca personas para trabajar y personas que quieren conocer experiencias de fincas biológicas.
A veces también en La Alharía, vemos a Julia, ella nos explicó como son las esencias que se destilan allí, en un alambique. Esencias de lo más puras que puedan existir. Jara, romero, cantueso…Hace aceite terapéuticos.
Homayú no deja de estudiar, está intentando centrar sus estudios en el NIM, que es un árbol de la familia de las meiáceas, Azadirachta Indica. Árbol muy empleado en medicina ayurveda y al que se le conocen más de 250 aplicaciones.
En la India, cuando llega el año nuevo, igual que aquí nos tomamos las doce uvas, allí se toman hojas de este árbol. También Homayú volverá algún día a viajar, conocer otros lugares, otros ojos, otras luces, ya lo sabemos, él nació en la “Bohemia”.
Nos dijo Juan Ramón Jiménez: “Cuando un hombre culto, santo, poeta, sabio, aspira a llegar a lo esencial, en todas las raza, épocas y civilizaciones, se retira, es decir, se va a la naturaleza, desierto, monasterio, casa de campo, a quitarse todo lo superfluo, todo lo innecesario de la civilización; va en busca de la intuición, de la desnudez de la cultura”. Es verdad, lo esencial aparece siempre en la vida retirada libre de confusiones.
Pronto llegarán las lluvias y podremos ver en cualquier monte a Homayú gritando, saltando de alegría, celebrando el misterio de la madre tierra, siendo un microcosmos del macrocosmos universal. Mientras tanto, nosotros vamos saliendo de la Alharía, vamos silenciosos, nostálgicos, vamos pensando que abandonamos de nuevo el Paraíso.”
Isabel Ma. Sánchez Heras (IsabelGenal). Revista El Genal nº5.
Septiembre-Octubre de 2000.
25 años hace que escribí esto y Homayú ha seguido viviendo durante todo este tiempo en la Alharía.
Aprendí mucho de él, y también me sentí amada por él, tanto que aunque no acepté, siempre llevo el anillo con el que me pidió matrimonio, y sé que aunque andan diciendo que ha muerto, me va a salir como dicen que salen los muertos, porque siempre va seguir estando en lo que es el Valle, porque, ¿a dónde si no se puede ir alguien tan poderoso como lo es Homayú?
IsabelGenal. Gaucín Febrero de 2025.
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